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30 abr 2012

Barcelona vive una nueva semana trágica

“Nos vemos en Múnich”. “Estamos a un punto”. Estas dos frases habían sido muy utilizadas por la afición blaugrana, en referencia a los madridistas, antes de la pasada semana. La primera, en alusión a la final de la Champions League, en la que ya se veían clasificados antes siquiera de jugar la eliminatoria. La segunda, dando por hecho que lograrían la victoria frente al Real Madrid el sábado 21 de abril, en competición liguera.

Sin embargo, el miércoles 18, tras su derrota por 1-0 frente al Chelsea, en la ida de la semifinal de Champions League, la moral culé sufrió un primer golpe. No fue demasiado duro, pues la derrota del Real Madrid un día antes pudo servir como ‘justificación’, y el partido de vuelta que aun quedaba por disputarse en Barcelona dejaba abiertas muchas esperanzas. Eso sí, ya no iba a ser tan fácil como se había pensado en un inicio.

Amanecía el sábado 21, el gran día, el del partido que podría cambiar el rumbo de la Liga española. En Madrid, lo hacía tras una madrugada de disturbios en el centro de la ciudad, en la famosa Plaza de España. En Barcelona, con una ilusión generalizada entre aquellos culés que no hacía muchas semanas daban ya por perdida la Liga –con el Real Madrid 10 puntos por delante- pero que aun veían a su equipo con opciones de materializar la remontada, y quedarse a sólo un punto del eterno rival, con serias posibilidades de disputarles el título. Pero algo iba a generar cierto nerviosismo en la hinchada culé.

Ese mismo mediodía, una filtración desvelaba que Piqué, Cesc y Alexis serían suplentes, dando la titularidad en su lugar a Adriano, Thiago y Tello; no todos vieron con buenos ojos la suplencia de tres jugadores de su nivel y el ánimo culé empezó a agitarse. Se esperaba un partido en el que el Barcelona debía llevar el peso, manejar el balón y no conceder muchos espacios atrás a un Real Madrid letal a la contra. El partido siguió el guion esperado, hasta que en el minuto 17, tras errores de Valdés y Puyol en un córner en contra, Khedira iba a poner por delante a los blancos. Esto dejaba al Real Madrid en una situación inmejorable, sin obligación de atacar, replegándose en su medio campo para taponar a un Barça algo atascado de ideas. El Barcelona dominaba la posesión, pero se mostraba incapaz de abrir la defensa blanca y generar ocasiones claras. El chileno Alexis saltó al campo y un minuto le bastó para igualar el encuentro, con algo de fortuna, tras varios rebotes. La euforia estallaba en el Nou Camp, que veía a su equipo superior y capaz de darle la vuelta al marcador. Sin embargo, tres minutos después el Real Madrid volvía a ponerse por delante tras un genial pase de Özil para que Cristiano definiese a la perfección ante la salida de Valdés. La Liga se escapaba, tomaba rumbo a Madrid, a falta de confirmación matemática siete puntos se antojaban una distancia demasiado grande para recortar a falta de solo cuatro partidos. Los madridistas lo sabían y así lo festejaron, como siempre, ante la diosa Cibeles.

Llegaba el miércoles y con él la vuelta de semifinales de Champions League, y un sentimiento reinaba en la Ciudad Condal, el de la remontada. Todo marchaba a la perfección, el Barcelona ganaba por 2-0 y el Chelsea jugaba con uno menos, por expulsión de su capitán Terry. Sin embargo, Ramires recortaba distancias en la última jugada antes del descanso, poniendo el 2-1 que, de ser el resultado final, clasificaría a los ingleses a la final. A pesar de ello, la confianza en el equipo era brutal y 45 minutos parecían más que suficientes para hacer, al menos, un gol. Pero la suerte ese día no estaba del lado culé y en el minuto 49 Messi mandaba al larguero su lanzamiento desde los once metros, demostrando que hasta los más grandes fallan. Al Barcelona se le hizo imposible desarbolar la muralla inglesa, con un Chelsea que defendía en su campo, con los nueve jugadores en torno a su área. De nuevo la suerte volvió a dejar claro de qué lado estaba, cuando el palo volvía a impedir el gol de Messi. Ya en el tiempo añadido, con todo el Barcelona volcado en el campo rival, Torres empató el partido y puso fin al sueño blaugrana de volver a una final europea por segundo año consecutivo. El Barcelona había perdido en apenas cuatro días todas sus opciones de disputar la Liga española y la Champions League; ya sólo les quedaba la final de la Copa del Rey. Pero eso no iba a ser ni mucho menos lo peor que ocurriría esa semana, la semana trágica del Barcelona.

El viernes 27, a eso de las 13:30h. comparecían en rueda de prensa Pep Guardiola, Sandro Rosell y Andoni Zubizarreta, para anunciar la marcha del primero. Guardiola, el símbolo del Barcelona desde que cogió el equipo en Julio de 2008, desde cuando ha conseguido nada más y nada menos que 13 títulos. Se marcha Pep, el líder, pero su cargo queda en manos de Tito Vilanova, el que ha sido su mano derecha todo este tiempo y quien parece el más idóneo para tratar de no romper con esa línea de trabajo que tan buenos resultados ha dado y así tratará de demostrarlo a partir de la temporada que viene. Se pone fin así a una semana muy complicada en lo futbolístico en Barcelona, en la que se han perdido dos opciones de títulos, pero más importante aún, se ha perdido al hombre que ha guiado al equipo hacia su época de mayor éxito. ¿Habrá vida más allá de Pep? Tito Vilanova tratará de hacer creer a los culés que sí.