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25 dic 2011

El arte de reinventarse


Como estudiante de primer curso de Periodismo, he de decir que uno puede tener ciertas dudas sobre su futuro profesional tras leer estos tres trabajos. Sin embargo, a pesar de que la situación actual no es buena, como nos describen Cossete Castro, Anthony Smith y Nobre Correia,  lo normal es que poco a poco se vuelva a la normalidad, y las empresas consigan adaptarse al nuevo escenario surgido en el mundo de la información periodística.

En estos documentos se nos muestran varios problemas que están afectando en los últimos años al periodismo. Uno de los principales ha sido la llegada de Internet, y el mal uso que la prensa escrita ha hecho de la oportunidad que éste suponía – según cuenta José Manuel Nobre Correia- ya que las empresas de comunicación no han sabido rentabilizar su uso. Nobre Correia cree que las empresas debían haberse acercado a Internet mucho antes, y sobre todo tratar de obtener beneficios económicos con ello, en lugar de intentar recuperar gratuitamente una audiencia que habían perdido mucho tiempo atrás. Por otro lado, también habla del daño que ha hecho la TDT (Televisión Digital Terrestre) en el sector televisivo, que ha sufrido una gran fragmentación de la audiencia debido a la aparición de numerosos canales. Así mismo, Cossete Castro muestra como el avance de lo que llama “industria de contenidos” ha permitido que personas corrientes puedan producir contenidos de información y presentarlos en la red como un periodista más, lo que supone también una nueva competencia para los profesionales. Anthony  Smith muestra cómo los periódicos -seguramente el soporte más afectado por esta crisis- han perdido parte de sus suscripciones y han sufrido un gran descenso en sus beneficios por publicidad. Esto ha producido el cierre de varios periódicos en numerosos países, la reducción de algunas plantillas de trabajo, y el recorte en el número de páginas publicadas, entre otras muchas consecuencias negativas.

Personalmente, creo que el gran reto que afronta el mundo de la comunicación es el de rescatar la prensa escrita, si acaso las empresas confían aún en que ésta pueda aportar algún beneficio. Como nos dejan ver estos trabajos, el periódico es el soporte que más está acusando esta situación. Los periódicos no han sabido sacar provecho de Internet, y tampoco han podido hacer frente a la llegada de diarios gratuitos. A consecuencia de esto último, los diarios de pago han ido perdiendo lectores, y eso a su vez ha provocado el descenso notable de ingresos por la publicidad. Podemos observar esta situación en el trabajo de Manuel Correia, donde se nos muestra que a principios de 2009, la inversión publicitaria en la  prensa diaria había sufrido un descenso del 30% respecto al mismo periodo del año anterior.
Por otro lado, parece claro que Internet es el medio que mejor se ha adaptado al nuevo escenario. En la actualidad, toda empresa o institución que quiera hacerse un hueco en el mercado o empezar a darse a conocer debe utilizar Internet para ello. En el año 2006
alcanzó los mil cien millones de usuarios y se estima que en diez años la cantidad de navegantes de la red aumentará a 2.000 millones. Este dato nos deja ver la magnitud que este medio ha alcanzado en menos de 20 años, ya que fue en 1993 cuando se hizo legal el uso comercial de Internet. El hecho de que gran parte de la población - sobre todo en los países desarrollados- tenga la posibilidad de hacer uso de este medio ha producido un gran aumento de las inversiones publicitarias en la web, aunque aún no alcanza el nivel de beneficios que aportaba años atrás la publicidad en la prensa escrita. La llegada de Internet ha supuesto un gran cambio, respecto a anteriores herramientas, en la relación entre medios de comunicación y movimientos sociales, debido principalmente a esto: Internet es una red abierta, el acceso es universal;  funciona permanentemente las 24 horas del día, la actividad no está limitada por ningún horario de oficina o de emisión;  permite la comunicación en dos sentidos, es decir “interacción”, rompiendo con la antigua relación de los medios clásicos emisor =>receptor; el flujo de información se realiza en tiempo mínimos,  casi inapreciables en comparación con los tiempos de otras formas de comunicación; Internet no depende de la localización espacial, es independiente de la geografía.

Desde sus inicios, el periodismo ha tenido que evolucionar al ritmo de las innovaciones tecnológicas. El problema es que los cambios tecnológicos actualmente se dan con mucha mayor rapidez, y el tiempo de reacción es menor. El periodismo debe reinventarse, encontrar nuevas formas de canalizar el contenido, respondiendo a las nuevas demandas de los usuarios. El investigador Herbert Simon dijo que el periodismo tiene “la necesidad de asignar de manera eficiente la atención entre la sobreabundancia de fuentes de información”, pero hay que ir más allá. No basta con conseguir la atención del usuario, “tienes que conseguir monetizar esa atención”, dice. Sin embargo, llegados a este punto, aparecen algunas dudas. El periodismo ha convivido con dos modelos de rentabilidad que han entrado en decadencia en los últimos años: la rentabilidad mediante la venta de espacios publicitarios y la que se basa en el pago por parte del usuario. Éste último modelo está sufriendo bastante debido a la crisis económica actual, y sería algo arriesgado intentar empezar a cobrar por el consumo de información en la red. Por ello creo que el futuro de los medios pasa en gran parte por los ingresos procedentes de la publicidad. Sin embargo, las empresas informativas no han sabido manejarse correctamente en ese medio digital que parece ser el futuro, mientras que otras empresas han sabido explotar mejor el poder de Internet y atraer con más facilidad y mejores condiciones a los anunciantes. Por ello, las empresas informativas deberán aprender a hacer publicidad, amoldándose a este medio, para que los anunciantes se den cuenta de que pueden extraer mucho más partido de su publicidad en las webs de los medios de comunicación.
 

Inside Jobs


Inside Job es un documental que trata sobre el inicio de la crisis financiera de 2008. Es el resultado de una laboriosa tarea de investigación y muchas horas de trabajo, documentación y entrevistas con expertos en el tema. Pero Inside Job no es sólo una muestra de cómo empezó la crisis. En este documental podemos apreciar la avaricia del hombre, que como bien dice el refrán, una vez más rompió el saco.

Una de las principales causas de la crisis reside en el egoísmo y en la codicia, que han llevado a estas personas que aquí aparecen a buscar su máximo beneficio personal sin importarles las consecuencias nefastas que ello podría conllevar. Esta gente, que manejaba el dinero de la población a su antojo, sólo se preocupó de llenarse los bolsillos a costa de los demás sin pararse a pensar en lo que estaba formándose. Y lo peor de todo es que, como hemos podido ver en la segunda parte del documental, muchos de los que se enriquecían mediante ese sistema de préstamos riesgosos y CDO (obligaciones de deuda colaterales) sabían que todo acabaría derrumbándose. Ellos veían engordar sus carteras, y nadie fue capaz de avisar lo que estaba a punto de ocurrir.

Desde la década de los 80 comenzó la desregulación de las sociedades de ahorros y préstamos, que permitió realizar inversiones de riesgo con el dinero de los clientes. En este aspecto, el de la desregulación, me llama la atención la metáfora en la que George Soros compara los mercados con un buque petrolero: 

“Son muy grandes, y se tiene que poner el petróleo en compartimentos para evitar que su movimiento haga volcar al barco. Después de la gran depresión las normas implementaron compartimentos herméticos. La desregulación trajo aparejada el fin de la compartimentación.”

A través de lobistas, o directamente ejerciendo ciertos cargos de poder en algunos momentos, los directores de los bancos de inversión iban cambiando las leyes para su beneficio personal, o presionaban para que no se modificaran otras, como ocurrió con el intento –fallido finalmente- de regular los derivados.
Pero todo sea dicho. Los únicos culpables no fueron los propios prestamistas, sino también las agencias calificadoras de riesgo, que declararon numerosísimos préstamos riesgosos con la calificación AAA (a la altura de los bonos del Estado) a cambio de elevadas sumas de dinero, y que se lavaron las manos tras el estallido de la crisis alegando que ellas sólo daban su opinión, y que nadie tenía por qué haber confiado en sus calificaciones.

Desde el año 2001 se fue formando progresivamente la famosa ‘burbuja’. Todos podían acceder a una hipoteca, y el precio de las viviendas se disparó. El nivel de apalancamiento de los bancos era aterrador. Los bancos de inversión pedían muchos préstamos para dar más créditos y poder así obtener más CDO, y la comisión de bolsa y valores no hizo ninguna revisión durante este periodo en los bancos de inversión. Se estaba formando un círculo en el que todas las personas relacionadas con la industria financiera empezaban a enriquecerse enormemente. En 2006, muchos ya sabían que los títulos de hipoteca CDO fracasarían, incluso apostaban por ello. Eso sí, a espaldas de todos. Nadie fue capaz de avisar lo que se avecinaba, ya que eso les supondría dejar de ganar mucho dinero.

Lo cierto es que tampoco el gobierno ha ayudado mucho a cambiar esta situación. No sólo con los cambios en su política impositiva, cuyos beneficios fueron principalmente para un 1% de la población –los más ricos- que alimentaron así aún más el ansia de estas personas por seguir enriqueciéndose , o con la debilidad final de unas reformas anunciadas en un principio más agresivas. Y es que, ninguno de los culpables de esta situación ha sido encarcelado. Su posición social, la posibilidad de pagar a grandes abogados, y la debilidad de las leyes han ayudado a ello. Pero lo más triste de todo esto es que no sólo no han entrado en prisión, si no que tras provocar todo esto, muchos abandonaron sus compañías tras recibir millonarias compensaciones.

Esta corrupción está también presente en las universidades, ya que muchos profesores trabajan también como asesores en muchas de esas entidades de las que he hablado anteriormente. Por tanto, parece difícil que la situación se sanee desde dentro y deben ser las propias leyes las que lo hagan. Pero esto también parece complicado, pues muchos de los cargos del estado en el ámbito económico están en manos de gente relacionada con la industria financiera, que verían perjudicados sus intereses personales si tratasen de regular los mercados.

Así que, como queda claro en el documental: “No será fácil, pero por algunas cosas vale la pena luchar.”