Inside
Job es un documental que trata sobre el inicio de la crisis financiera de 2008.
Es el resultado de una laboriosa tarea de investigación y muchas horas de
trabajo, documentación y entrevistas con expertos en el tema. Pero Inside Job no
es sólo una muestra de cómo empezó la crisis. En este documental podemos
apreciar la avaricia del hombre, que como bien dice el refrán, una vez más
rompió el saco.
Una de
las principales causas de la crisis reside en el egoísmo y en la codicia, que
han llevado a estas personas que aquí aparecen a buscar su máximo beneficio
personal sin importarles las consecuencias nefastas que ello podría conllevar.
Esta gente, que manejaba el dinero de la población a su antojo, sólo se
preocupó de llenarse los bolsillos a costa de los demás sin pararse a pensar en
lo que estaba formándose. Y lo peor de todo es que, como hemos podido ver en la
segunda parte del documental, muchos de los que se enriquecían mediante ese
sistema de préstamos riesgosos y CDO (obligaciones de deuda colaterales) sabían
que todo acabaría derrumbándose. Ellos veían engordar sus carteras, y nadie fue
capaz de avisar lo que estaba a punto de ocurrir.
Desde
la década de los 80 comenzó la desregulación de las sociedades de ahorros y
préstamos, que permitió realizar inversiones de riesgo con el dinero de los
clientes. En este aspecto, el de la desregulación, me llama la atención la
metáfora en la que George Soros compara los mercados con un buque petrolero:
“Son muy grandes, y se tiene que poner el
petróleo en compartimentos para evitar que su movimiento haga volcar al barco.
Después de la gran depresión las normas implementaron compartimentos
herméticos. La desregulación trajo aparejada el fin de la compartimentación.”
A
través de lobistas, o directamente ejerciendo ciertos cargos de poder en
algunos momentos, los directores de los bancos de inversión iban cambiando las
leyes para su beneficio personal, o presionaban para que no se modificaran
otras, como ocurrió con el intento –fallido finalmente- de regular los derivados.
Pero
todo sea dicho. Los únicos culpables no fueron los propios prestamistas, sino
también las agencias calificadoras de riesgo, que declararon numerosísimos
préstamos riesgosos con la calificación AAA (a la altura de los bonos del
Estado) a cambio de elevadas sumas de dinero, y que se lavaron las manos tras
el estallido de la crisis alegando que ellas sólo daban su opinión, y que nadie
tenía por qué haber confiado en sus calificaciones.
Desde
el año 2001 se fue formando progresivamente la famosa ‘burbuja’. Todos podían
acceder a una hipoteca, y el precio de las viviendas se disparó. El nivel de
apalancamiento de los bancos era aterrador. Los bancos de inversión pedían
muchos préstamos para dar más créditos y poder así obtener más CDO, y la comisión
de bolsa y valores no hizo ninguna revisión durante este periodo en los bancos
de inversión. Se estaba formando un círculo en el que todas las personas
relacionadas con la industria financiera empezaban a enriquecerse enormemente.
En 2006, muchos ya sabían que los títulos de hipoteca CDO fracasarían, incluso
apostaban por ello. Eso sí, a espaldas de todos. Nadie fue capaz de avisar lo
que se avecinaba, ya que eso les supondría dejar de ganar mucho dinero.
Lo
cierto es que tampoco el gobierno ha ayudado mucho a cambiar esta situación. No
sólo con los cambios en su política impositiva, cuyos beneficios fueron
principalmente para un 1% de la población –los más ricos- que alimentaron así
aún más el ansia de estas personas por seguir enriqueciéndose , o con la
debilidad final de unas reformas anunciadas en un principio más agresivas. Y es
que, ninguno de los culpables de esta situación ha sido encarcelado. Su
posición social, la posibilidad de pagar a grandes abogados, y la debilidad de
las leyes han ayudado a ello. Pero lo más triste de todo esto es que no sólo no
han entrado en prisión, si no que tras provocar todo esto, muchos abandonaron
sus compañías tras recibir millonarias compensaciones.
Esta
corrupción está también presente en las universidades, ya que muchos profesores
trabajan también como asesores en muchas de esas entidades de las que he
hablado anteriormente. Por tanto, parece difícil que la situación se sanee
desde dentro y deben ser las propias leyes las que lo hagan. Pero esto también
parece complicado, pues muchos de los cargos del estado en el ámbito económico
están en manos de gente relacionada con la industria financiera, que verían
perjudicados sus intereses personales si tratasen de regular los mercados.
Así
que, como queda claro en el documental: “No será fácil, pero por algunas cosas
vale la pena luchar.”

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